Niños innovadores

Es muy difícil ser de adulto lo que no soñaste o desarrollaste cuando niño; los sueños de vida no son cosas que se aparecen de improviso, van tomando forma poco a poco, se van tejiendo hilo a hilo. Por ello, es importante que pensemos en la siguiente generación, ¿cómo es que pensamos que puede ser? ¿hasta dónde creemos que puede llegar? ¿qué habilidades podrán necesitar?
¡Seguramente muchas! Pero entre ellas estarán, también seguro, la innovación y la creatividad. No puedo concebir un futuro en donde la capacidad de inventar, de imaginar y construir no sea parte del progreso, de la generación de riqueza de todo tipo.
Si queremos lograr que nuestros niños sean adultos innovadores y creativos, tenemos que empezar a fomentarlo y desarrollarlo desde ahora; les propongo cinco aspectos en los que podemos incidir para lograrlo:
  1. Juego: Es importante que los chicos jueguen, no sólo en casa o el parque, sino también en las aulas. Es importante que esos juegos sean compartidos, en grupos. De preferencia juegos en donde no se compita, sino se colabore. Actividades como la cocina, el jardín, carpintería, legos, etc son apenas formas de intentarlo.
  2. Curiosidad: Hay que mantenerles despierta su curiosidad, no es cierto que mató al gato, la curiosidad es la que descubre mundos, la que construye sueños. Toda innovación inicia con una pregunta, que es la representación de la curiosidad. Tomen un tema al azar cada día, platiquen, investiguen durante el día y luego comparten en la cena.
  3. Pasión: Debemos lograr que conecten su pasión con su curiosidad; a los niños que les gusta dibujar, hay que alentarlos, a los que les gusta correr, hay que alentarlos, a los que les gustan las matemáticas, hay que alentarlos. Cada persona tiene algo que lo mueve, algo que lo hace sentir pleno. Ayudémoslos a que se encuentren con su pasión.
  4. Atrevimiento: Hay que ayudar a que no teman, sobre todo, al fracaso o a equivocarse; la audacia siempre acompaña a los que abren caminos; los que se atreven a pensar diferente son los que cambian los paradigmas, los que hacen que el mundo camine hacia adelante.
  5. Propósito: Todo innovador tiene sueños, tiene un propósito en la vida, los niños deben irlo construyendo e imaginando desde pequeños; es su sueño, ¿qué serás cuando seas grande? se convierte en una pregunta de propósito, ¿qué harás cuando seas mayor? ¿Qué invento será el tuyo? Son apenas preguntas que pueden sustituir a la típica ¿qué vas a estudiar?
Yo, cuando sea chiquito quiero ser como ellos, juguetones curiosos, apasionados, atrevidos y decididos. ¿Tú no?
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Compartitividad

Si preguntamos qué es lo que preferimos, competir o compartir, seguro que muchos dirán que compartir porque eso los hará sentir solidarios, sensibles, humanos; sin embargo, algunos dirían que en realidad no es de humanos, que no lo tenemos en la naturaleza, porque eso es lo que entendemos que es el deber ser, pero ¿y si el único modelo sustentable y sostenible es compartir y no competir? ¿No sería eso suficiente aliciente para ponerlo en nuestra naturaleza (en caso de no tenerlo)? La supervivencia propia y de la especie ha sido el detonador primario de nuestra competitividad, y ahora estamos en esa encrucijada en donde debemos decidir, ¿seguimos compitiendo y, con ello, acumulando unos mucho más que otros, y con ello, terminando exactamente donde mismo y con cada vez menos que acumular? ¿O empezamos a compartir para sobrevivir?

Yo creo que eso de competir no nos está saliendo bien, ni a los que van a la cabeza ni a los que vamos atrás, el tren del progreso camina a la velocidad del vagón más lento, y en el mundo globalizado no hay forma de desenganchar a ninguno. Y la vía no lleva a ninguna parte a donde queramos ir, las estaciones intermedias tienen letreros como “Cambio climático”, “Terrorismo”, “Big Brother”, “Refugiados y Desplazados”, “Hambruna” y “Pobreza Extrema”.

Llevamos en el tren vagones de primera, segunda, tercera y algunos sin acceso al comedor, unos más llenos que otros; y luego están los que llevan dinamita y nitroglicerina (para lo que se ofrezca), en algunos van armados hasta los dientes, y en otros enfermos de enfermedades que ni tan siquiera sabemos que existen.

Así es en realidad un listado de rankings de competitividad, ¿o no?

Entre más lo pienso, más me convenzo de que el modelo de desarrollo que necesitamos es precisamente uno de “compartitividad” en vez de competitividad; ¡ya imagino a los del IMCO batallando para medirla! Así los rankings de ciudades, países, empresas y personas no serían de competitividad, sino de “compartitividad“.

¡Y de nuevo estarían equivocados! La “compartitividad” no podría ni debería ser medida; por ejemplo, ¿sería menos “compartitivo” un país que abre sus fronteras de patentes en un único medicamento que uno que las abra en todos sus gadgets? ¿qué es lo que se debe de compartir primero? ¿quién debe empezar? ¿el que lo hace, qué gana? ¿Y si busca ganar, no lo hace eso más competitivo que “compartitivo“? Pero compartirlo todo y con todos ha sido precisamente lo que el comunismo más básico ha buscado, y fracasado.

¿Cuál es la cantidad justa de “compartitividad” que debemos conseguir? Y, me cuesta mucho, pero mucho reconocer que ya hemos rebasado el límite donde el compartir empieza con uno mismo, esa bifurcación en la vía la hemos dejado atrás, ahora lo que hay que hacer es construir sobre la marcha una nueva vía que nos lleve a todos los vagones a un nuevo destino, uno al que sí queramos ir, y en el proceso, habrá que cuidar que no se desenganchen muchos vagones.

Y sé que no les gusta que les pregunte porque mayormente lo que nos gusta a todos es leer respuestas y no preguntas, pero la pregunta no es si hay que hacerlo o cuándo, ni quiénes, ni con qué; es obvio que esas ya tienen respuestas y son sí hay que hacerlo, ahora, nosotros y con todo lo que tenemos; la pregunta es ¿cómo demonios lo hacemos?

Enjoy