Es más efectivo sin efectivo

En México la criminalidad y la violencia han estado caminando a sus anchas por todo el territorio; no importa si hablamos del crimen organizado o no, los hechos delictivos están a la orden del día, robos a comercios, bancos, casas habitación; robos a instituciones gubernamentales por la vía del soborno y la corrupción, el huachicol, secuestros, cobro de derecho de piso o de paso, rapiña en cualquier ocasión. Tráfico de drogas, armas, menores, mujeres, indocumentados. El catálogo es inmenso, complejo, pero también desafortunada y cruelmente real.


Y la estrategia central para combatirlo ha sido fundamentalmente el uso de la fuerza; coloquialmente, jugar a las pistolitas, y hablamos siempre de fortalecer los cuerpos de seguridad, y nos hemos embarcado en ese barco llamado esperanza con los ojos puestos en una policía de primer mundo, y perdemos de vista que no lo es todo. Supongamos que lograr un cuerpo policial excepcional, nótese que no dije militar, es algo posible, supongamos que lo hacemos bien y a la primera, ¿cuánto dinero hay que invertir? ¿cuánto tiempo? ¿cómo hacemos para que los policías que son la elite no sólo se reproduzcan y contagien a los demás, sino que no sean absorbidos por las fuerzas del mal? Hagamos por favor de cuenta que sí lo logramos, que todos los obstáculos ha sido vencidos y que a la policía nunca de los nunca se les pela un criminal, todos los delincuentes caen en sus manos porque investigan, previenen, planean, ejecutan y capturan siempre. También hay que tomar en cuenta que personas de bien nunca son confundidas, es decir, un cuerpo policial de primera, como nos lo merecemos.

Y ya, todos contentos porque no hay delincuente que se libre. Pero la policía no es el fin de la cadena, hay que entregarlos al ministerio público, ese que prepara los casos para presentarlos y lograr penas suficientes y merecidas. Y nos enfrentamos al segundo escalón, ¿tenemos a los MP’s acordes a esa super policía de ensueño? ¿No habrá también que meterle mano a ese eslabón y asegurar que todos ellos, y sus asistentes y servicios de apoyo como las leyes, sean también de primera? ¿cuánto tiempo, dinero y esfuerzo tendremos ahora que invertir en ello? Mientras tanto, esa super policía está capture y capture delincuentes, y mientras el MP no esté arreglado, seguramente saldrán de nuevo a delinquir. ¿cuánto tiempo aguantará esa policía sin caer en la decepción y tentación? Para efectos del análisis, vamos a seguir pensando que andamos de suerte y también logramos construir un aparato de procuración de justicia fenomenal, en línea con el cuerpo policial y ahora sí, quien la hace la paga.

¡Momento! Un buen caso del fiscal o procurador no es garantía de un fallo favorable, está el poder judicial con su impartición de justicia, que podrá tener muchas cosas, pero lo expedita no está en su catálogo, por decir lo menos. Entonces habrá que hacer lo mismo con los jueces y todo lo que los rodea y apoya, arreglarlos, y bien y a la primera. Obviaré las preguntas que sé que ya tienen, y volveré a pedirles su apoyo, supongamos de nuevo que lo logramos hacer bien y a la primera, como las otras dos. ¿cuánto tiempo ha pasado ya? No importa me dirán, vale la pena todo lo invertido, el crimen ha estado ya bajando por el temor y respeto a los tres elementos que ya hemos arreglado, y las cárceles esperan la llegada de todos aquellos que han sido sorprendidos haciendo de las suyas. Recuerden, el policía ya sólo captura a los malos, nunca a los buenos, y el fiscal presenta siempre un caso sólido, impoluto de tal forma que el juez no tiene de otra mas que sentenciar la pena correspondiente.

Listo, pensarán, pero yo les pediré que echen un vistazo al sistema penitenciario del país, y lloren, sí, que lloren porque aún falta trecho por recorrer, abarrotadas como están, sobrepasadas en procesos, personal, formación, ubicación y rehabilitación pues habrá que hacer de nuevo lo mismo, arreglarlas bien y a la primera. Nos ponemos a ello y lo logramos, ahora sí, quien delinque va y para en ellas sí o sí, y al terminar de cumplir su sentencia sale como un angelito, un ciudadano ejemplar, educado y con oficio, pero sobre todo, con la clara y firme intención de reinsertase productiva y positivamente en la sociedad mexicana. ¡Lo logramos! No importa el tiempo, ni el esfuerzo, ni el dinero invertido. Tampoco las oportunidades perdidas. Lo hemos logrado hacer bien y a la primera.
Y el ciudadano renacido sale a la calle, y va y busca trabajo. Y toda esa maravilla se resquebraja y se hace humo al no encontrar absolutamente nada. Nada. No hay trabajo porque mientras nosotros jugábamos a las pistolitas y centrábamos toda nuestra política en invertir en la lucha contra el crimen por esa vía, tuvimos que repartir también el bienestar momentáneo y temporal con programas sociales. Y la gallina de los huevos de oro, es decir, la industria, la empresa, el comercio, el emprendimiento fue carcomiéndose y haciéndose nada por falta de motivación, de recompensa, de políticas públicas.

No, yo no creo que la inseguridad se combata con la fuerza, estoy convencido que la mayor parte de nuestro esfuerzo debe hacerse en la creación de empleo y riqueza para los jóvenes y adultos, y en la educación para los niños y los jóvenes.

Pero entiendo que necesitamos una estrategia de choque, una que logre un impacto brutal que desestabilice y desarticule el crimen y la violencia, coincido con los que piensan así, pero mientras ellos encuentran en la (para) militarización de la policía o guardia nacional esa estrategia, yo lo hago en otra de igual impacto, más simple e infinitamente más pacífica y efectiva: eliminemos el efectivo en el país.

Al hacerlo, eliminamos el anonimato que lo acompaña siempre, y con ello disminuimos al máximo la posibilidad de que transacciones de secuestros, drogas, huachicol, sobornos, armas, personas y demás se lleven a cabo. Sin efectivo se hacen prácticamente imposibles.

Es más efectivo sin efectivo.

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¿Por dónde empezamos?

Así pregunté una vez yo, y algunos respondieron. Todos acertados puesto que la pregunta no planteaba el para qué o el qué, ni siquiera el cuándo o el quiénes, mucho menos el por qué. Sólo el por dónde.
Y así cualquier respuesta es válida.

En realidad mi pregunta completa era ¿Por dónde empezamos a ser niños otra vez? El mundo adulto necesita una regresión, una en donde al ponerle “play” de nuevo nos traigamos con nosotros esa dosis de curiosidad que dejamos olvidada, una en donde dejemos los filtros olvidados, esos que nos hacen ver el color de la piel y las tallas de las personas; una regresión que nos permita recuperar no la inocencia, pero sí la necesaria ingenuidad para mirar a otro con los ojos de la esperanza y el deseo de ser juntos un nosotros que nos permita jugar y disfrutar, y crecer.

Sí, dejamos olvidadas un montón de cosas útiles en nuestra niñez, y yo las quiero de regreso; por ejemplo, la mágica cura de un abrazo, o la maravillosa sensación de saludar a un extraño e interactuar con él como si fuéramos amigos de toda la vida; o ese descaro de preguntar siempre lo que uno quiere saber, o la brutal certeza de que decir siempre la verdad es bueno.

No puedo encontrar una sola razón, que sea de verdad válida y poderosa, para haber dejado todo eso allá, en ese pasado nebuloso que llamamos los adultos niñez. No puedo encontrar en este mundo que hemos construido esa poderosa razón que nos hace mentir porque es mejor, que nos hace guardar preguntas porque así no lastimamos u ofendemos a nadie; esa poderosa razón que nos hace mirar creencias religiosas, o preferencias políticas o sitios de trabajo, o marcas, o nacionalidades, o colores de piel, o tallas de ropa en vez de sólo humanos, personas; esa poderosa razón que hace eso necesario, yo no la encuentro, no la veo poderosa, no la veo ni siquiera necesaria.

Tampoco los niños.

Así pues, ¿ que si por dónde empezamos a ser niños otra vez? Pues va a resultar que no se puede, pero lo que sí se puede, es asegurar que nuestros niños lleven a su vida adulta lo que sí vale, lo que sí ayudaría a componer este desgarriate de sociedad que hemos construido. Una sonrisa plena, un abrazo que cura, una verdad dicha, una retahíla de preguntas, y más preguntas, muchas, muchas preguntas. Ahh…y no olvidemos la imaginación, y la dicha de ver salir el sol, de reír con un desconocido, de tomar la mano del necesitado, de llorar por la tristeza de otros; la necesidad de un apapacho, el reto de subir un escalón, la sensación de estar completo cuando miras a tu hermano… y la risa, y el juego, y la necesidad imperiosa de romper fronteras, y la curiosidad que nunca mató al gato, y esa creativa manera de pintar paredes y combinar la ropa; sí, todo eso es necesario en nuestro mundo de adultos, ya estuvo bueno de tonterías.

Cuando yo sea niño otra vez, nunca voy a querer ser adulto.

Enjoy

Educar para crear e innovar

Educar no es únicamente lograr que alguien aprenda determinada materia o contenidos, también es lograr que las personas sean capaces de hacer cosas con lo que saben, que sepan identificar lo que necesitan aprender y además aprenderlo. También significa que seamos capaces de generar nuevo conocimiento, que podamos explorar nuestro máximo potencial, y llevarlo un poco más lejos, es decir, que sepamos innovar.
Aprender y desarrollar habilidades y técnicas de creatividad e innovación es tan importante como aprender matemáticas o civismo; sin embargo, en nuestras escuelas no hay espacios ni tiempos específicos ni ordenados para que nuestros estudiantes desarrollen estas habilidades; al contrario, el sistema educativo esta diseñado para lograr que todos sepamos lo mismo, de la misma manera y con los mismos libros y métodos. Se da por hecho, o mejor dicho, se tiene la vaga esperanza de que los chicos sean creativos por sí mismos, cuando sean grandes. Yo creo que es tiempo de hacer que la creatividad y la innovación sean prioridad en nuestros objetivos educativos. ¿de qué otra forma vamos a encontrar soluciones a todos nuestros viejos problemas?
Imaginemos por un momento, que enseñáramos a los chicos a hacer Design Thinking a la hora de prepararse para realizar un proyecto, o un SCAMPER para escribir un ensayo; o, mejor aún, que los preparáramos para hacer preguntas, poner exámenes en donde les pidiéramos hacer preguntas en vez de respuestas sería genial; aprenderían a mirar el mundo a través de los ojos de la curiosidad.
Me imagino igual un ejercicio mental diario para activar el cerebro en donde los estudiantes intentan relacionar conceptos, por ejemplo, la mecánica de un motor con la sustentabilidad de un ecosistema; seguido me pregunto si no podríamos aprender mejor la historia preguntándonos qué hubiéramos hecho si nosotros hubiéramos sido Napoleón, o Churchill o Moctezuma. De paso los chicos aprenderían a construir hipótesis que son apenas el inicio de las innovaciones.
¿Qué clase de mundo idearían si les planteamos el reto de eliminar el dinero con todo y concepto? ¿Qué tantas cosas tendrían que aprender para lograrlo? ¡Seguro que todas las que estamos enseñándoles de cualquier forma! ¡Y más, mucho más!
Enseñar lo que ya todo mundo sabe o ha sabido no tiene chiste, el futuro del mundo se debe construir desde otra óptica, porque ésta ya sabemos que no funciona; desperdiciar los primeros 23 años de su vida enseñándoles a ser como nosotros y a hacer las mismas cosas que nosotros y de la misma manera es algo que necesitamos cambiar, y esa es la verdadera meta que toda reforma educativa debe contemplar. Es ridículo educar a todos igual si ya reconocemos que nuestro verdadero potencial individual está en nuestras diferencias, y que la suma de ellas es la que nos hace fuertes.
De nada sirve salir del aula si nos llevamos las paredes en nuestra mente cuando el sistema educativo lo mejor que hace es deformarla tanto que terminamos con una caja, la misma caja, que nos limita y nos encierra.
Para aprender más visita mi blog rafaelcota.comy mi twitter @rafaelcotar