Quiero que me dejen ser niño

Ser adulto no tiene ni la más mínima dificultad; lo revestimos de seriedad haciendo como que es lo más complicado de nuestra vida y hablamos de responsabilidades y del trabajo y del estrés y de un montón de cosas que no tienen importancia en realidad. Después de todo el mundo está hecho y diseñado por y para los adultos. Ser niño sí que es difícil, te enfrentas a un mundo que ni es tuyo, ni es cómo quieres ni cómo lo necesitas. Desde que te sientas a la mesa empiezan los problemas, no alcanzas, ni el suelo ni la mesa; quedas en ese espacio que te hace ver y sentir fuera de lugar y de proporción, los utensilios de la mesa te quedan grandes, la comida sabe a rayos, y, para colmo de males, sólo están permitidos juegos de adultos mientras comes (o sea, sólo se vale estar estirado, cuidadoso y charlando de temas infinitamente aburridos); vas a la escuela de la misma manera que de adulto irás a la oficina, es decir, el aula es la réplica de tu trabajo, no es cierto que eres estudiante, eres un trabajador en entrenamiento, un verdadero profesional del aprendizaje; tienes que ir bañadito, en horarios fijos y con agendas ya establecidas por alguien más; tienes que entregar trabajos en tiempo y forma; o sea, como un trabajo cualquiera.
Y, mientras tanto, tu niñez se va al carajo mientras tu vida, la que de verdad quieres, tienes y necesitas vivir, pasa en una dimensión desconocida e inalcanzable para ti; para entender el vuelo de las aves te meten la nariz en un libro en vez de permitirte correr tras los pájaros en el parque; para entender como las flores huelen, y como el viento sopla, te cuentan cuentos y te hacen descifrar fábulas fantásticas en letras de molde, cuando tú lo que quieres es ir a robarle una flor a tu vecina y despeinarte con el viento mientras corres amarrado a una cometa en el cielo.
Ser niño sí que es difícil, desde el instante mismo que naces, el mundo conspira para que se te pase rápido y madures bien; ser niño es enfrentarte a preguntas complicadísimas que no tienen solución, como por ejemplo, ¿cómo es eso que las luciérnagas no pueden iluminar tu casa por las noches? ¿y cómo que no es posible brincar en las camas antes de dormir? Tienes que aprender a esconder tus risas, tus travesuras, a disfrazar tu inocencia y a mitigar tu curiosidad; a tus incontables preguntas sobre la inmortalidad del cangrejo obtienes uno que otro “Mmmmm… pregúntale a tu maestra”, y luego, ya en el aula el clásico “eso (no) viene en el libro”, dependiendo si tiene ganas o no de ver el tema contigo. 
Tienes que aprender que las niñas y los niños no juegan juntos, que el fulanito no es buena compañía porque su mamá…porque su papá… Y tú no entiendes. Aprendes pronto que la vestimenta te identifica con su forma, sus telas y sus colores, y tú no entiendes cómo es que eso te hace ser lo que tú sabes que eres, o no. Te cortan el pelo, te peinan y te piden que hables como los adultos quieren, porque te protegen, te dicen, pero tú sabes que también te deforman, te cambian, te moldean para ser como ellos, una pequeñita versión de sus sueños y compromisos, de sus filias y sus fobias. No eres tú de forma completa porque tienes que ser un o una mini-ellos.
Por eso no entiendes por qué no es posible tomar de la mano a tu amigo cuando llora y darle un beso para sanar su herida; no entiendes por qué no puedes jugar en la escuela ni en el recreo, ni tampoco por qué tienes que mentir cuando no vas a una fiesta dando razones que no son, o ir a casa de tu tía que te hace jugar con su perro en vez de ir a visitar a tus amigos y amigas y jugar con ellos.
En realidad no entiendes por qué no te dejan ser niño, por qué está prohibido hacer travesuras y experimentar y romper los pantalones de las rodillas, y comer tierra y beber agua directo de la manguera; en tu cabeza no cabe la ecuación del abuso, ni la discriminación, ni los colores de la raza ni del partido; tus ojos no miran la pobreza, ni el auto del vecino; lo que tu ves de niño es apenas una sonrisa, una mano, un amigo con quien jugar.
Por eso cuando adultos no queremos ser otra cosa que no sea niños, porque cuando niños nadie nos dejó serlo. Cuando yo sea chiquito otra vez, sólo quiero que me dejen ser niño.
Enjoy

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¿Por dónde empezamos?

Así pregunté una vez yo, y algunos respondieron. Todos acertados puesto que la pregunta no planteaba el para qué o el qué, ni siquiera el cuándo o el quiénes, mucho menos el por qué. Sólo el por dónde.
Y así cualquier respuesta es válida.

En realidad mi pregunta completa era ¿Por dónde empezamos a ser niños otra vez? El mundo adulto necesita una regresión, una en donde al ponerle “play” de nuevo nos traigamos con nosotros esa dosis de curiosidad que dejamos olvidada, una en donde dejemos los filtros olvidados, esos que nos hacen ver el color de la piel y las tallas de las personas; una regresión que nos permita recuperar no la inocencia, pero sí la necesaria ingenuidad para mirar a otro con los ojos de la esperanza y el deseo de ser juntos un nosotros que nos permita jugar y disfrutar, y crecer.

Sí, dejamos olvidadas un montón de cosas útiles en nuestra niñez, y yo las quiero de regreso; por ejemplo, la mágica cura de un abrazo, o la maravillosa sensación de saludar a un extraño e interactuar con él como si fuéramos amigos de toda la vida; o ese descaro de preguntar siempre lo que uno quiere saber, o la brutal certeza de que decir siempre la verdad es bueno.

No puedo encontrar una sola razón, que sea de verdad válida y poderosa, para haber dejado todo eso allá, en ese pasado nebuloso que llamamos los adultos niñez. No puedo encontrar en este mundo que hemos construido esa poderosa razón que nos hace mentir porque es mejor, que nos hace guardar preguntas porque así no lastimamos u ofendemos a nadie; esa poderosa razón que nos hace mirar creencias religiosas, o preferencias políticas o sitios de trabajo, o marcas, o nacionalidades, o colores de piel, o tallas de ropa en vez de sólo humanos, personas; esa poderosa razón que hace eso necesario, yo no la encuentro, no la veo poderosa, no la veo ni siquiera necesaria.

Tampoco los niños.

Así pues, ¿ que si por dónde empezamos a ser niños otra vez? Pues va a resultar que no se puede, pero lo que sí se puede, es asegurar que nuestros niños lleven a su vida adulta lo que sí vale, lo que sí ayudaría a componer este desgarriate de sociedad que hemos construido. Una sonrisa plena, un abrazo que cura, una verdad dicha, una retahíla de preguntas, y más preguntas, muchas, muchas preguntas. Ahh…y no olvidemos la imaginación, y la dicha de ver salir el sol, de reír con un desconocido, de tomar la mano del necesitado, de llorar por la tristeza de otros; la necesidad de un apapacho, el reto de subir un escalón, la sensación de estar completo cuando miras a tu hermano… y la risa, y el juego, y la necesidad imperiosa de romper fronteras, y la curiosidad que nunca mató al gato, y esa creativa manera de pintar paredes y combinar la ropa; sí, todo eso es necesario en nuestro mundo de adultos, ya estuvo bueno de tonterías.

Cuando yo sea niño otra vez, nunca voy a querer ser adulto.

Enjoy

Educar para crear e innovar

Educar no es únicamente lograr que alguien aprenda determinada materia o contenidos, también es lograr que las personas sean capaces de hacer cosas con lo que saben, que sepan identificar lo que necesitan aprender y además aprenderlo. También significa que seamos capaces de generar nuevo conocimiento, que podamos explorar nuestro máximo potencial, y llevarlo un poco más lejos, es decir, que sepamos innovar.
Aprender y desarrollar habilidades y técnicas de creatividad e innovación es tan importante como aprender matemáticas o civismo; sin embargo, en nuestras escuelas no hay espacios ni tiempos específicos ni ordenados para que nuestros estudiantes desarrollen estas habilidades; al contrario, el sistema educativo esta diseñado para lograr que todos sepamos lo mismo, de la misma manera y con los mismos libros y métodos. Se da por hecho, o mejor dicho, se tiene la vaga esperanza de que los chicos sean creativos por sí mismos, cuando sean grandes. Yo creo que es tiempo de hacer que la creatividad y la innovación sean prioridad en nuestros objetivos educativos. ¿de qué otra forma vamos a encontrar soluciones a todos nuestros viejos problemas?
Imaginemos por un momento, que enseñáramos a los chicos a hacer Design Thinking a la hora de prepararse para realizar un proyecto, o un SCAMPER para escribir un ensayo; o, mejor aún, que los preparáramos para hacer preguntas, poner exámenes en donde les pidiéramos hacer preguntas en vez de respuestas sería genial; aprenderían a mirar el mundo a través de los ojos de la curiosidad.
Me imagino igual un ejercicio mental diario para activar el cerebro en donde los estudiantes intentan relacionar conceptos, por ejemplo, la mecánica de un motor con la sustentabilidad de un ecosistema; seguido me pregunto si no podríamos aprender mejor la historia preguntándonos qué hubiéramos hecho si nosotros hubiéramos sido Napoleón, o Churchill o Moctezuma. De paso los chicos aprenderían a construir hipótesis que son apenas el inicio de las innovaciones.
¿Qué clase de mundo idearían si les planteamos el reto de eliminar el dinero con todo y concepto? ¿Qué tantas cosas tendrían que aprender para lograrlo? ¡Seguro que todas las que estamos enseñándoles de cualquier forma! ¡Y más, mucho más!
Enseñar lo que ya todo mundo sabe o ha sabido no tiene chiste, el futuro del mundo se debe construir desde otra óptica, porque ésta ya sabemos que no funciona; desperdiciar los primeros 23 años de su vida enseñándoles a ser como nosotros y a hacer las mismas cosas que nosotros y de la misma manera es algo que necesitamos cambiar, y esa es la verdadera meta que toda reforma educativa debe contemplar. Es ridículo educar a todos igual si ya reconocemos que nuestro verdadero potencial individual está en nuestras diferencias, y que la suma de ellas es la que nos hace fuertes.
De nada sirve salir del aula si nos llevamos las paredes en nuestra mente cuando el sistema educativo lo mejor que hace es deformarla tanto que terminamos con una caja, la misma caja, que nos limita y nos encierra.
Para aprender más visita mi blog rafaelcota.comy mi twitter @rafaelcotar