¿Por dónde empezamos?

Así pregunté una vez yo, y algunos respondieron. Todos acertados puesto que la pregunta no planteaba el para qué o el qué, ni siquiera el cuándo o el quiénes, mucho menos el por qué. Sólo el por dónde.
Y así cualquier respuesta es válida.

En realidad mi pregunta completa era ¿Por dónde empezamos a ser niños otra vez? El mundo adulto necesita una regresión, una en donde al ponerle “play” de nuevo nos traigamos con nosotros esa dosis de curiosidad que dejamos olvidada, una en donde dejemos los filtros olvidados, esos que nos hacen ver el color de la piel y las tallas de las personas; una regresión que nos permita recuperar no la inocencia, pero sí la necesaria ingenuidad para mirar a otro con los ojos de la esperanza y el deseo de ser juntos un nosotros que nos permita jugar y disfrutar, y crecer.

Sí, dejamos olvidadas un montón de cosas útiles en nuestra niñez, y yo las quiero de regreso; por ejemplo, la mágica cura de un abrazo, o la maravillosa sensación de saludar a un extraño e interactuar con él como si fuéramos amigos de toda la vida; o ese descaro de preguntar siempre lo que uno quiere saber, o la brutal certeza de que decir siempre la verdad es bueno.

No puedo encontrar una sola razón, que sea de verdad válida y poderosa, para haber dejado todo eso allá, en ese pasado nebuloso que llamamos los adultos niñez. No puedo encontrar en este mundo que hemos construido esa poderosa razón que nos hace mentir porque es mejor, que nos hace guardar preguntas porque así no lastimamos u ofendemos a nadie; esa poderosa razón que nos hace mirar creencias religiosas, o preferencias políticas o sitios de trabajo, o marcas, o nacionalidades, o colores de piel, o tallas de ropa en vez de sólo humanos, personas; esa poderosa razón que hace eso necesario, yo no la encuentro, no la veo poderosa, no la veo ni siquiera necesaria.

Tampoco los niños.

Así pues, ¿ que si por dónde empezamos a ser niños otra vez? Pues va a resultar que no se puede, pero lo que sí se puede, es asegurar que nuestros niños lleven a su vida adulta lo que sí vale, lo que sí ayudaría a componer este desgarriate de sociedad que hemos construido. Una sonrisa plena, un abrazo que cura, una verdad dicha, una retahíla de preguntas, y más preguntas, muchas, muchas preguntas. Ahh…y no olvidemos la imaginación, y la dicha de ver salir el sol, de reír con un desconocido, de tomar la mano del necesitado, de llorar por la tristeza de otros; la necesidad de un apapacho, el reto de subir un escalón, la sensación de estar completo cuando miras a tu hermano… y la risa, y el juego, y la necesidad imperiosa de romper fronteras, y la curiosidad que nunca mató al gato, y esa creativa manera de pintar paredes y combinar la ropa; sí, todo eso es necesario en nuestro mundo de adultos, ya estuvo bueno de tonterías.

Cuando yo sea niño otra vez, nunca voy a querer ser adulto.

Enjoy

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Educar para crear e innovar

Educar no es únicamente lograr que alguien aprenda determinada materia o contenidos, también es lograr que las personas sean capaces de hacer cosas con lo que saben, que sepan identificar lo que necesitan aprender y además aprenderlo. También significa que seamos capaces de generar nuevo conocimiento, que podamos explorar nuestro máximo potencial, y llevarlo un poco más lejos, es decir, que sepamos innovar.
Aprender y desarrollar habilidades y técnicas de creatividad e innovación es tan importante como aprender matemáticas o civismo; sin embargo, en nuestras escuelas no hay espacios ni tiempos específicos ni ordenados para que nuestros estudiantes desarrollen estas habilidades; al contrario, el sistema educativo esta diseñado para lograr que todos sepamos lo mismo, de la misma manera y con los mismos libros y métodos. Se da por hecho, o mejor dicho, se tiene la vaga esperanza de que los chicos sean creativos por sí mismos, cuando sean grandes. Yo creo que es tiempo de hacer que la creatividad y la innovación sean prioridad en nuestros objetivos educativos. ¿de qué otra forma vamos a encontrar soluciones a todos nuestros viejos problemas?
Imaginemos por un momento, que enseñáramos a los chicos a hacer Design Thinking a la hora de prepararse para realizar un proyecto, o un SCAMPER para escribir un ensayo; o, mejor aún, que los preparáramos para hacer preguntas, poner exámenes en donde les pidiéramos hacer preguntas en vez de respuestas sería genial; aprenderían a mirar el mundo a través de los ojos de la curiosidad.
Me imagino igual un ejercicio mental diario para activar el cerebro en donde los estudiantes intentan relacionar conceptos, por ejemplo, la mecánica de un motor con la sustentabilidad de un ecosistema; seguido me pregunto si no podríamos aprender mejor la historia preguntándonos qué hubiéramos hecho si nosotros hubiéramos sido Napoleón, o Churchill o Moctezuma. De paso los chicos aprenderían a construir hipótesis que son apenas el inicio de las innovaciones.
¿Qué clase de mundo idearían si les planteamos el reto de eliminar el dinero con todo y concepto? ¿Qué tantas cosas tendrían que aprender para lograrlo? ¡Seguro que todas las que estamos enseñándoles de cualquier forma! ¡Y más, mucho más!
Enseñar lo que ya todo mundo sabe o ha sabido no tiene chiste, el futuro del mundo se debe construir desde otra óptica, porque ésta ya sabemos que no funciona; desperdiciar los primeros 23 años de su vida enseñándoles a ser como nosotros y a hacer las mismas cosas que nosotros y de la misma manera es algo que necesitamos cambiar, y esa es la verdadera meta que toda reforma educativa debe contemplar. Es ridículo educar a todos igual si ya reconocemos que nuestro verdadero potencial individual está en nuestras diferencias, y que la suma de ellas es la que nos hace fuertes.
De nada sirve salir del aula si nos llevamos las paredes en nuestra mente cuando el sistema educativo lo mejor que hace es deformarla tanto que terminamos con una caja, la misma caja, que nos limita y nos encierra.
Para aprender más visita mi blog rafaelcota.comy mi twitter @rafaelcotar

Niños innovadores

Es muy difícil ser de adulto lo que no soñaste o desarrollaste cuando niño; los sueños de vida no son cosas que se aparecen de improviso, van tomando forma poco a poco, se van tejiendo hilo a hilo. Por ello, es importante que pensemos en la siguiente generación, ¿cómo es que pensamos que puede ser? ¿hasta dónde creemos que puede llegar? ¿qué habilidades podrán necesitar?
¡Seguramente muchas! Pero entre ellas estarán, también seguro, la innovación y la creatividad. No puedo concebir un futuro en donde la capacidad de inventar, de imaginar y construir no sea parte del progreso, de la generación de riqueza de todo tipo.
Si queremos lograr que nuestros niños sean adultos innovadores y creativos, tenemos que empezar a fomentarlo y desarrollarlo desde ahora; les propongo cinco aspectos en los que podemos incidir para lograrlo:
  1. Juego: Es importante que los chicos jueguen, no sólo en casa o el parque, sino también en las aulas. Es importante que esos juegos sean compartidos, en grupos. De preferencia juegos en donde no se compita, sino se colabore. Actividades como la cocina, el jardín, carpintería, legos, etc son apenas formas de intentarlo.
  2. Curiosidad: Hay que mantenerles despierta su curiosidad, no es cierto que mató al gato, la curiosidad es la que descubre mundos, la que construye sueños. Toda innovación inicia con una pregunta, que es la representación de la curiosidad. Tomen un tema al azar cada día, platiquen, investiguen durante el día y luego comparten en la cena.
  3. Pasión: Debemos lograr que conecten su pasión con su curiosidad; a los niños que les gusta dibujar, hay que alentarlos, a los que les gusta correr, hay que alentarlos, a los que les gustan las matemáticas, hay que alentarlos. Cada persona tiene algo que lo mueve, algo que lo hace sentir pleno. Ayudémoslos a que se encuentren con su pasión.
  4. Atrevimiento: Hay que ayudar a que no teman, sobre todo, al fracaso o a equivocarse; la audacia siempre acompaña a los que abren caminos; los que se atreven a pensar diferente son los que cambian los paradigmas, los que hacen que el mundo camine hacia adelante.
  5. Propósito: Todo innovador tiene sueños, tiene un propósito en la vida, los niños deben irlo construyendo e imaginando desde pequeños; es su sueño, ¿qué serás cuando seas grande? se convierte en una pregunta de propósito, ¿qué harás cuando seas mayor? ¿Qué invento será el tuyo? Son apenas preguntas que pueden sustituir a la típica ¿qué vas a estudiar?
Yo, cuando sea chiquito quiero ser como ellos, juguetones curiosos, apasionados, atrevidos y decididos. ¿Tú no?