¿Andamos perdidos?

¿O soy solo yo?

Como que nos hemos perdido en el bosque y ahora sólo vemos el árbol que tenemos enfrente; los faros que se supone nos guían están perdidos entre la bruma de la rutina de la nota roja y la superflua de la prensa, en resumen, andamos perdidos.

Apenas ayer leo una nota en la prensa nacional donde un político renombrado y en funciones declara que la legalización de la marihuana será un golpe al narco, y no puedo dejar de preguntarme si es en realidad eso lo que buscamos, darle un golpe al narco.

Y yo que creía todo este tiempo que lo que queremos es tener una sociedad y juventud que no consuma lo que le hace daño, creí que lo que buscamos es tener una política de medicina preventiva en nuestro sistema de salud, y cuando digo preventiva me refiero también a su salud financiera. Ahora resulta que queremos darle un golpe al narco, y por eso transferiremos el negocio a empresarios hechos y derechos. Ya me siento más sano y más seguro.

En otro tema, pero igual de confundido que con el anterior, me sorprendo cuando sigo viendo que todo nuestro sistema democrático se basa en lo electoral, en la elección libre que ejerce el ciudadano al votar o ser votado, y yo que creía que la democracia tiene que ver con una forma de gobierno y no con una de elección, me creí el cuento ese de que la democracia es el gobierno del pueblo para el pueblo y nunca me di cuenta que la película cambió de trama y ahora sólo trata de elegir gobernantes y no de como gobiernan. De nuevo, según yo, perdido el rumbo, hemos cambiado un objetivo real por otro inmediato que no nos ofrece soluciones reales, en este caso, bienestar y buen gobierno.

De educación mejor ni hablo, aunque todos sabemos que educarse en este país no necesariamente te hace más competitivo ni mejor ciudadano, me da la impresión que hace años, décadas que no nos preguntamos para qué queremos educarnos, y las reformas y acciones en materia de educación sólo son acordes a la moda o al son que toque quienquiera que sea el que esté tocando. ¿Alguien sabe para que queremos educarnos en este país?

Y luego las reformas y las leyes que sólo buscan efectos televisivos y mediáticos que alivien la presión inmediata que sólo existe porque lo único que hemos logrado con nuestras leyes se resume en cuatro sílabas que duelen y avergüenzan: im-pu-ni-dad. Hemos aprobado (digo hemos porque el que calla otorga) leyes que no entiendo, por ejemplo, en igualdad de género, le hemos dado cuotas obligatorias de 50-50 a las mujeres en las elecciones porque han sido discriminadas históricamente, pero se nos olvidaron los indígenas y los homosexuales, por ejemplo, ¿qué porcentaje le damos a cada minoría? Y luego está lo del feminicidio, que deja igualmente fuera crímenes contra los desprotegidos como el “gayicidio” o el “indigenicidio”. Yo no se ustedes, pero yo igualmente me creí lo que dice al inicio de nuestra constitución “En los Estados Unidos Mexicanos todo individuo gozará de las garantías que otorga esta Constitución…Queda prohibida toda discriminación motivada por origen étnico o nacional, el género, la edad, las discapacidades, la condición social, las condiciones de salud, la religión, las opiniones, las preferencias, el estado civil o cualquier otra que atente contra la dignidad humana y tenga por objeto anular o menoscabar los derechos y libertades de las personas.”. Es el artículo primero, y ahí estamos “todititamente todos en toda nuestra toditud”. No necesitamos más leyes que especifiquen que una mujer o que un indígena o que un homosexual o que un musulmán o un discapacitado tenga iguales derechos, basta con que hagamos cumplir la que ya existe, y que además manda sobre todas las demás.

Sí, nos hemos perdido en el bosque y mirando de árbol en árbol nunca vamos a encontrar la salida, es momento en que nos preguntemos de verdad si estamos resolviendo los problemas que queremos resolver, no vaya a ser que lo único que tengamos que hacer para salir del atolladero donde estamos es caminar atrás para volver a empezar.

Enjoy

Retroevolucionar

Es cierto que la evolución es una de las constantes más importantes en nuestras vidas; es cierto que conforme los tiempos pasan, las personas y las sociedades vamos cambiando y haciendo ajustes que nos permiten ir transitando por nuestras vidas de mejor forma.
Eso queremos pensar. Yo no lo tengo tan claro. Hemos cambiado cosas a lo largo de los años que nos beneficiaban, y las hemos sustituido por otras que no. Hemos ido dejando en el olvido de las generaciones algunas prácticas que hoy día hacen mucha falta; a veces temo abrir un diccionario y darme cuenta si lo hojeo que palabras como cortesía y honor, también hayan desaparecido de ahí. Las hemos dejado en el olvido.
Y es triste; la cortesía es como una llave que abre la puerta de los corazones de las personas, uno la usa y siempre tiene de regreso una sonrisa, un gracias, una mirada limpia y honesta; el honor es un sello de garantía, es decir, lo que se dice que pasará, siempre pasa; se cumple sin intermediación de firmas, abogados, tribunales o minutas de acuerdos. Sólo se cumple y ya. Cuando uno entrega honor, lo que se tiene de regreso es confianza, otra tradición olvidada.
Yo no nací en un mundo en donde la confianza fuera el centro de gravedad, al contrario, el mundo en el que vivo desde mi nacimiento es uno que basa sus reglas, sus procesos, sus trámites, sus relaciones en la desconfianza, para ello tenemos firmas, identificaciones, contratos, sellos, contraseñas, códigos y técnicas de criptografía.
Evolucionamos de un mundo cortés a uno descortés, en la casa, en la escuela, en las calles, en las oficinas; evolucionamos de un mundo con honor y palabra, a uno de papeles y triquiñuelas legales y legaloides donde la estafa y la transa no son la excepción, sino la regla. Evolucionamos de un mundo de confianza, a uno de recelos y suspicacia (algunos lo llaman sospechosismo haciendo gala de que han perdido su diccionario); de intriga y mentiras.
Sí, hemos evolucionado mirando adelante y haciendo ajustes, pero no todos han sido buenos, por eso yo ya quiero retroevolucionar (concepto extraño y paradójico pero válido), quiero traer a mi presente lo magnífico del pasado. No es caminar pa’trás, ni es nostalgia, es hacernos mejores como personas y como sociedad incorporando lo que teníamos y hemos perdido.

Quiero que me dejen ser niño

Ser adulto no tiene ni la más mínima dificultad; lo revestimos de seriedad haciendo como que es lo más complicado de nuestra vida y hablamos de responsabilidades y del trabajo y del estrés y de un montón de cosas que no tienen importancia en realidad. Después de todo el mundo está hecho y diseñado por y para los adultos. Ser niño sí que es difícil, te enfrentas a un mundo que ni es tuyo, ni es cómo quieres ni cómo lo necesitas. Desde que te sientas a la mesa empiezan los problemas, no alcanzas, ni el suelo ni la mesa; quedas en ese espacio que te hace ver y sentir fuera de lugar y de proporción, los utensilios de la mesa te quedan grandes, la comida sabe a rayos, y, para colmo de males, sólo están permitidos juegos de adultos mientras comes (o sea, sólo se vale estar estirado, cuidadoso y charlando de temas infinitamente aburridos); vas a la escuela de la misma manera que de adulto irás a la oficina, es decir, el aula es la réplica de tu trabajo, no es cierto que eres estudiante, eres un trabajador en entrenamiento, un verdadero profesional del aprendizaje; tienes que ir bañadito, en horarios fijos y con agendas ya establecidas por alguien más; tienes que entregar trabajos en tiempo y forma; o sea, como un trabajo cualquiera.
Y, mientras tanto, tu niñez se va al carajo mientras tu vida, la que de verdad quieres, tienes y necesitas vivir, pasa en una dimensión desconocida e inalcanzable para ti; para entender el vuelo de las aves te meten la nariz en un libro en vez de permitirte correr tras los pájaros en el parque; para entender como las flores huelen, y como el viento sopla, te cuentan cuentos y te hacen descifrar fábulas fantásticas en letras de molde, cuando tú lo que quieres es ir a robarle una flor a tu vecina y despeinarte con el viento mientras corres amarrado a una cometa en el cielo.
Ser niño sí que es difícil, desde el instante mismo que naces, el mundo conspira para que se te pase rápido y madures bien; ser niño es enfrentarte a preguntas complicadísimas que no tienen solución, como por ejemplo, ¿cómo es eso que las luciérnagas no pueden iluminar tu casa por las noches? ¿y cómo que no es posible brincar en las camas antes de dormir? Tienes que aprender a esconder tus risas, tus travesuras, a disfrazar tu inocencia y a mitigar tu curiosidad; a tus incontables preguntas sobre la inmortalidad del cangrejo obtienes uno que otro “Mmmmm… pregúntale a tu maestra”, y luego, ya en el aula el clásico “eso (no) viene en el libro”, dependiendo si tiene ganas o no de ver el tema contigo. 
Tienes que aprender que las niñas y los niños no juegan juntos, que el fulanito no es buena compañía porque su mamá…porque su papá… Y tú no entiendes. Aprendes pronto que la vestimenta te identifica con su forma, sus telas y sus colores, y tú no entiendes cómo es que eso te hace ser lo que tú sabes que eres, o no. Te cortan el pelo, te peinan y te piden que hables como los adultos quieren, porque te protegen, te dicen, pero tú sabes que también te deforman, te cambian, te moldean para ser como ellos, una pequeñita versión de sus sueños y compromisos, de sus filias y sus fobias. No eres tú de forma completa porque tienes que ser un o una mini-ellos.
Por eso no entiendes por qué no es posible tomar de la mano a tu amigo cuando llora y darle un beso para sanar su herida; no entiendes por qué no puedes jugar en la escuela ni en el recreo, ni tampoco por qué tienes que mentir cuando no vas a una fiesta dando razones que no son, o ir a casa de tu tía que te hace jugar con su perro en vez de ir a visitar a tus amigos y amigas y jugar con ellos.
En realidad no entiendes por qué no te dejan ser niño, por qué está prohibido hacer travesuras y experimentar y romper los pantalones de las rodillas, y comer tierra y beber agua directo de la manguera; en tu cabeza no cabe la ecuación del abuso, ni la discriminación, ni los colores de la raza ni del partido; tus ojos no miran la pobreza, ni el auto del vecino; lo que tu ves de niño es apenas una sonrisa, una mano, un amigo con quien jugar.
Por eso cuando adultos no queremos ser otra cosa que no sea niños, porque cuando niños nadie nos dejó serlo. Cuando yo sea chiquito otra vez, sólo quiero que me dejen ser niño.
Enjoy