Relatos del futuro que ya llegó

Quiero presentarles mi nuevo libro: Relatos del futuro que ya llegó es un libro donde las tecnologías exponenciales son las protagonistas en un mundo en el cual la innovación es un lugar común. Tenía que suceder tarde o temprano, la colisión de mis dos pasiones tenía que darse en algún momento. Por un lado, mi experiencia y mi desarrollo profesional como innovador y tecnólogo, y, por otro, mi sueño y afición por escribir.

Al final del día, ambas partes siempre han tenido un objetivo común, que es la de provocar a mi entorno, de llevarlo al límite de sus fronteras, y de lograr, aunque sea por un momento, que echemos una miradita a nuestro interior.

Aquí no les quiero contar cómo lo he escrito, sino mi experiencia como primer lector del libro. He leído varias veces cada uno de los diez relatos, y me he quedado siempre con la sensación de que sí, de que el futuro ha llegado y no nos hemos dado cuenta mientras hablamos de él como algo lejano y ajeno.

La robótica, la nanotecnología, los drones, la genética y la inteligencia artificial comparten espacios y escenarios con jóvenes emprendedores, hombres y mujeres que buscan el santo grial del emprendimiento, con ejecutivos de empresas que también tiene una vida personal y familiar, y también con abuelitas y mujeres profesionistas; la interacción de los seres humanos con estas tecnologías se suma al internet de las cosas, la tecnología agrícola, las blockchains y la naturaleza misma, y esta interacción da lugar a una nueva rutina, a una nueva forma de vivir y de relacionarnos.

Como lector, mi relación  con las historias ha sido muy variada, mientras leía el primer relato, Bots,  me dieron ganas de ser el protagonista, aún y cuando se enfrenta a la realidad de su estado de salud durante una visita rutinaria al doctor; en el segundo relato, una chef reconocida mundialmente por sus fusiones, se atreve con la Cocina tradicional mexicana con resultados sorprendentes, aunque debo confesar que aún no estoy seguro de mi reacción como comensal en ese restaurante; cuando conocí al protagonista del tercer relato, Camilo, éste había encontrado su sueño emprendedor en un café junto a Marina mientras volaban Drones en la Ciudad de México, desde entonces no puedo mirar al cielo y seguir viéndolo como antes.

En El Día de doña Carmen, la protagonista del cuarto cuento me ha provocado ternura, durante su día disfruta y sufre, se contenta y se enoja mientras pasan las horas y extraña a su compañero de vida y se pregunta cómo sería su reacción si pudiera ver lo que ella ve, y me sentí identificado; en el quinto relato, se narra la vida y las reflexiones de El Dr. Arin, un neurocirujano, sus divagaciones entre un paciente y otro, lo llevan a tener las mismas dudas existenciales que todos tenemos, debo confesar que me dejó un poco temeroso, o no, más bien preocupado por lo que se avecina.

En un lugar que puede ser cualquier parte, una joven mujer se enfrenta en batalla campal con un mosquito transmisor de malaria, Eso no se arregla con CRISPR, le dicen sus colegas; este cuento ha sido el que más me ha impresionado, no puedo dejar de pensar que estamos en la línea que divide nuestra evolución entre natural y dirigida;

Leer el séptimo cuento fue como leer mis sueños más optimistas; el protagonista casualmente se llama como yo; Rafael,  vive en la Ciudad de México y mientras está en el piso 16 de su edificio, un terremoto interrumpe su día, pero él no está asustado, porque sabe que hay alguien Hackeando el terremoto; en el octavo relato me dio la oportunidad de observar La búsqueda de Amanda, la asistente de Carlos, y mientras ella se convierte en una detective implacable que realiza una búsqueda frenética en el ciberespacio tratando de resolver una única pregunta, yo no dejaba de pensar las muchas Amandas que hay en el mundo, y asustarme por las respuestas que están encontrando a nuestras preguntas.

El internet de las cosas llega al campo en Rural 4.0, y se instala en él con una única posibilidad, ruralizar la ciudad para hacerla no sólo inteligente, sino orgánica. Leerlo me hizo recordar la vocación primaria de todo ser humano: la de asegurar su supervivencia. ¿por qué no lo estamos haciendo?

Por último, en La Jubilación, el décimo relato, Federico se enfrenta a su último día como funcionario público en un gobierno que no es, por mucho, el que estamos acostumbrados a tener; Federico es un buen tipo, ha pasado su vida queriendo hacer, sin darse cuenta que estuvo haciendo. Creo que pude reconocer a varias personas en él, y me dio gusto, ojalá hubiera muchos así.

Los invito a leerlo, a compartirlo, a debatirlo. Estaré atento a sus comentarios y, por supuesto, agradecido por su compra.

Pueden adquirirlo de varias maneras:

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rafaelcota.chopeo.mx en formato eBook; este último acepta pagos en Oxxo para los que no están acostumbrados a comprar en línea

 

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Agricultura Inteligente o el Campo 4.0

Sí, las ciudades y las industrias han estado incorporando tecnologías cada vez más potentes, más baratas, más amigables y más estratégicas; la automatización es la clave, pero no el fin; se busca tener más y mejores servicios, más y mejores productos, la satisfacción del mercado y ser los primeros y/o los únicos es lo que está en juego.
Y se le ha dado suficiente cobertura, el Internet de las Cosas  uno sólo lo imagina en las casas, las oficinas y las plantas de producción industrial; pero en el campo la revolución se ha venido dando casi de una forma silenciosa, sin prisa, pero tampoco sin pausa; ahí también el IoT ha estado ganando espacios; porque, después de todo, ¿no es también un proceso de producción masiva lo que se requiere? ¿no es también un lugar en donde la información en tiempo real es clave para la toma de decisiones y la actuación?
Básicamente la Revolución 4.0 consiste en los siguientes pasos:
  1. Reconocimiento de la realidad a través de sensores con múltiples capacidades
  2. Análisis de los datos de los sensores
  3. Diseño del plan de acción
  4. Ejecución del plan
Todo ello, auxiliado por máquinas, desde el principio hasta el fin. A continuación un poco de ciencia, porque lo de ficción ya ha pasado al pasado.
BeanIoT es una compañía que ha diseñado pequeñas cápsulas plásticas, semejantes a los frijoles, que contienen múltiples sensores que se ubican en los almacenes de las cosechas, de cualquier tipo de producto, para estar informando en tiempo real de las condiciones reales de cada producto almacenado, y del microclima que lo rodea, como temperatura, humedad, contenido de CO2, etc. Los frijolitos están todos interconectados entre sí para enviar una mejor información a la aplicación central que informa al productor del estado de su cosecha, al mismo tiempo que se envían órdenes específicas a los sistemas de refrigeración, ventilación, secado, clima, etc para ajustar las condiciones a los parámetros ideales. Por si fuera poco, se recargan de forma inalámbrica y su batería dura 14 meses aproximadamente.
CropX es lo mismo, pero directamente en el suelo, puede informar del estado real del suelo y sus nutrientes, además del consumo de agua por cada una de las plantas si así se desea; AgroPro, una compañía sonorense, utiliza drones para la revisión del estado de salud de las plantas, cada dron está equipado con sistemas de imagenología avanzada que permite conocer el estado de cada planta y compararlo con lo que debería de tener para así informar al productor de cuáles son las áreas críticas que requieren su atención, ya sea con plaguicidas o con fertilizantes.
Pero los plaguicidas también se han venido transformando, y usando tecnología 100% natural, es decir, sin cables; la compañía Fungi Perfecti de Paul Stamets ha patentado los micopesticidas, totalmente basados en hongos, los cuáles no sólo acaban con plagas específicas, sino que atraen también a las benéficas para el tipo de producto que se quiere cosechar.
CattleWatch es una aplicación que monitorea en tiempo real al ganado, con sensores en cada especimen que informan constantemente su ubicación y su estado de salud; MooCow monitorea también en tiempo real el estado del embarazo de las vacas con el fin de avisar de cualquier eventualidad, en especial, cuando la vaca entra en labor de parto o alguna complicación.  Hemdale farms usa sensores de IoT para lograr que las vacas lecheras sean ordeñadas de acuerdo a su propio deseo, es decir, saben cuando cada vaca está lista para ser ordeñada, además, la ordeña por robots es mucho más amigable y proporciona también información específica de cada vaca. Se puede decir que además de eficiente, el sistema logra que las vacas estén menos estresadas, y con ello, se aumenta la producción y el tiempo de vida productiva de cada vaca.
Hay empresas que están usando membranas similares a las que se usan en las máquinas de diálisis para controlar lo que las plantas consumen, en especial el agua y sus nutrientes; se reduce así la cantidad de agua de riego, pero al mismo tiempo se filtran los minerales que no contribuyen al buen desarrollo de la planta.
La generación de energía es también una de las áreas que se ha desarrollado enormente en el campo, la energía por biomasa es ya común en muchas granjas, pero también la eólica y la solar; sin embargo, recientes avances han mostrado que la generación de propano a partir de la bacteria e-Coli, la cual ha sido genéticamente modificada para lograr no sólo reproducirse, sino también para ser inocua al ser humano mientras produce propano para generar energía.
Otro avance es la utilización de la iluminación LED para producción agrícola; cada planta recibe el tipo de luz que requiere, además de tenerla siempre en las cantidades apropiadas.
Definitivamente, un campo inteligente nos beneficia a todos, logra el máximo aprovechamiento de los recursos naturales, al mismo tiempo que hace que nuestros alimentos sean cada vez más orgánicos y naturales; es curioso, pero las máquinas pueden traer de nuevo lo orgánico a nuestra mesa.

Mejora continua o innovación disruptiva

No pasa mucho tiempo sin que la pregunta surja, y menos en aquellas empresas donde hay mezcla de generaciones, es decir, donde hay Millenials y Generación X intentando sumar sus talentos. ¿Debemos seguir la ruta de la mejora continua o debemos de buscar la innovación disruptiva?
Seguramente los X estarán a favor de la mejora continua, es decir, una innovación progresiva que les permita avanzar sin prisa, pero sin pausas; que vaya introduciendo cambios de a poco, controlables y predecibles. Suena muy bien, la resistencia al cambio es mínima, la curva de aprendizaje es prácticamente nula y se aprovecha el mismo ritmo y rutinas de trabajo establecidas en la empresa; la cultura organizacional no se ve modificada en gran manera, salvo la comprobación de que la empresa está comprometida con el cambio y que afianza la cultura de la calidad y la mejora continua. Después de todo, la empresa ha invertido tiempo, dinero y esfuerzo en la certificación de ISO-9000, y esta es la forma de sacarle provecho.
Sí, la innovación progresiva es sencilla y rápida de implementar y con mínimo riesgo; pero es precisamente eso, el mínimo riesgo el que hace que el retorno de inversión sea también mínimo; los beneficios que se obtienen no son precisamente rompedores de tendencias, es decir, si la empresa lleva ya una tendencia a la baja, es difícil que con esta política de mejora continua la tendencia se modifique con la rapidez que la empresa quiere o necesita; por otro lado, si la tendencia es a la alza, la curva tampoco se verá modificada de forma impresionante, sólo sumará unos cuantos puntos a esa tendencia.
Ya veo a los millenials en esa empresa siguiendo esta ruta, a regañadientes y con la esperanza de que eso cambie, constantemente estarán proponiendo ideas que significan tomar la ruta de la innovación disruptiva, esa que hace que las reglas del juego cambien por completo, esa que logra dar saltos cuánticos en el avance de la empresa y que cambia no sólo los productos y servicios por completo, sino que en muy repetidas ocasiones, modifica hasta el nombre de la empresa; la innovación disruptiva hace que el retorno de la inversión sea considerablemente alto, con una alta probabilidad de generar una resistencia al cambio que obligue a la empresa a gestionarlo de forma agresiva y proactiva; la curva de aprendizaje casi siempre es considerable y la cultura organizacional se ve modificada de forma importante, y además rápida. Los millenials estarán en su ambiente natural, puesto que casi siempre una innovación de este tipo incluye el uso de tecnología, ya sea la existente, o, mejor aún para ellos, una nueva tecnología que está emergiendo en el mercado.
Igual que con la mejora continua, el retorno es proporcional al riesgo; cuando se opta por esta ruta, la empresa apuesta prácticamente su futuro en la innovación, la probabilidad de que las cosas no salgan como se espera es prácticamente igual a la del éxito; pero la recompensa es considerablemente mayor a la de la mejora continua, cuando una empresa logra hacer una innovación disruptiva, no sólo permanece en el mercado, sino que lo domina, lo dirige, determina qué es lo que se hace moda y qué no.
Para resolver el dilema del inicio, hacer mejora continua o innovación disruptiva, uno debe de considerar dos elementos clave:
  1. Talento disponible: Para hacer mejora continua no se necesita entrenamiento ni profesionales distintos a los que ya se tienen en la empresa, pero para hacer innovación disruptiva, se requiere de entrenamiento en técnicas y metodologías de creatividad e innovación (Design Thinking, Moonshot Thinking, Lean Startup, etc) que permitan canalizar y potenciar el talento creativo y el conocimiento organizacional de la empresa.
  2. Prospectiva del negocio: Si el negocio de la empresa es algo que se ve en el futuro como atractivo, entonces podría ser que la consolidación de la empresa vía la mejora continua sea una mejor opción; pero si el negocio de la empresa en el futuro se ve con dudas, ya sea porque la competencia crece, o el mercado cambia, o la tecnología hace que las reglas del juego sean otras, entonces la innovación disruptiva no sólo es la opción a ejercer, sino que posiblemente sea la única.
Al final del día, lo que en realidad debemos decidir es si queremos pensar dentro o fuera de la caja; siempre y cuando sepamos lo que hay en la caja.