Y yo solo lo miré atónito, culpable, llorando y balbuceando lo he matado, lo he matado, pero él reía a carcajadas y el agujero de su boca me absorbía húmedo y frío, y yo sufría, y yo tenía miedo y yo era culpable. Y él reía y se alisaba la camisa a cuadros y sus brazos giraban en molinete y se hizo la lluvia de nuevo y la noche vino y se hizo eterna… y se hizo eterna y se hizo de mi alma… y se hizo de mi alma…