¿Qué estamos poniendo en las aulas y la educación?

Los que me conocen saben bien que la educación ha sido mi espacio profesional durante muchos años, si es que no todos los que tengo; y la verdad es que dicho sea de paso, le he metido ganas; he intentando poner mi granito de arena en el camino que hay que recorrer; porque educar para conocer y para resolver y para crear y para curar y “paraloqueustedesquieran” es de verdad maravilloso, noble, necesario y a veces hasta poético; pero mirando con ojos críticos el modelo actual, en la mayor parte de las veces resulta que esa educación es bastante inútil en lo que a la humanidad como colectivo se refiere.


Me explico, si es que puedo: decía yo hace unos días que por más que nos hemos ido civilizando y educando, el mundo es cada vez más pobre, en la medida en que cada vez nos alcanza menos lo que producimos, si a eso sumamos que cada vez tenemos menos con qué producir lo esencial, es decir, lo que comemos, donde vivimos y cómo nos protegemos, entonces es muy sencillo pensar que caminamos, si seguimos el mismo camino, irremediablemente hacia el precipicio de nuestra propia destrucción. Y eso que, permítanme insistir, ahora estamos más y mejor educados que cuando empezamos a ser humanos bajándonos del árbol.


¿Qué demonios nos ha pasado entonces? ¿Es que no ponemos en los libros y en las aulas lo que de verdad importa? Es, creo, una pregunta válida. Si lo que nos hace falta es más riqueza, ¿entonces por qué no educamos en emprendimiento desde pequeños? Si lo que nos hace falta es más y mejores alimentos, ¿entonces por qué no enseñamos agricultura, o mínimo jardinería, desde primaria? Si lo que nos hace falta es cuidar más al planeta, ¿entonces por qué no educamos en consecuencia? Las clases de electricidad, por ejemplo, se siguen dando con fuentes de energía no renovables. Si lo que nos hace falta es más solidaridad, ¿por qué carambas premiamos las individualidades del más rápido, el más inteligente, el más estudioso y, nunca o casi nunca al que más ayuda, al que más coopera?
Nos hemos metido en una carrera peligrosa de educar por inercia, con prácticas y contenidos que no han sido cuestionados bajo la pregunta simple y sencilla de si ellos nos hará de verdad mejores humanos; no, la pregunta es casi siempre si nos hará mejores profesionistas, mejores empleados, mejores empresarios, mejores funcionarios. Y puede uno ser el mejor en todo eso, y no ser, ni de lejos, un mejor ser humano.


Hay algo que nos ha hecho perder un poco el rumbo, apenas unos grados, que conforme avanzamos nos va alejando más y más de la meta básica, que es simplemente sobrevivir. Sé que no es ni tan siquiera necesario decirlo, pero yo no tengo ni la más peregrina idea de cómo y qué hacer, seguramente mis amigos expertos, que casi todos los que tengo lo son, tendrán mejores opiniones y propuestas, pero lo que tengo claro es que si seguimos educando lo que estamos educando (independientemente del cómo, quiénes y cuándo) seguiremos caminando el mismo camino que no lleva a donde de verdad queremos y necesitamos.
Enjoy

Advertisements

Educar para crear e innovar

Educar no es únicamente lograr que alguien aprenda determinada materia o contenidos, también es lograr que las personas sean capaces de hacer cosas con lo que saben, que sepan identificar lo que necesitan aprender y además aprenderlo. También significa que seamos capaces de generar nuevo conocimiento, que podamos explorar nuestro máximo potencial, y llevarlo un poco más lejos, es decir, que sepamos innovar.
Aprender y desarrollar habilidades y técnicas de creatividad e innovación es tan importante como aprender matemáticas o civismo; sin embargo, en nuestras escuelas no hay espacios ni tiempos específicos ni ordenados para que nuestros estudiantes desarrollen estas habilidades; al contrario, el sistema educativo esta diseñado para lograr que todos sepamos lo mismo, de la misma manera y con los mismos libros y métodos. Se da por hecho, o mejor dicho, se tiene la vaga esperanza de que los chicos sean creativos por sí mismos, cuando sean grandes. Yo creo que es tiempo de hacer que la creatividad y la innovación sean prioridad en nuestros objetivos educativos. ¿de qué otra forma vamos a encontrar soluciones a todos nuestros viejos problemas?
Imaginemos por un momento, que enseñáramos a los chicos a hacer Design Thinking a la hora de prepararse para realizar un proyecto, o un SCAMPER para escribir un ensayo; o, mejor aún, que los preparáramos para hacer preguntas, poner exámenes en donde les pidiéramos hacer preguntas en vez de respuestas sería genial; aprenderían a mirar el mundo a través de los ojos de la curiosidad.
Me imagino igual un ejercicio mental diario para activar el cerebro en donde los estudiantes intentan relacionar conceptos, por ejemplo, la mecánica de un motor con la sustentabilidad de un ecosistema; seguido me pregunto si no podríamos aprender mejor la historia preguntándonos qué hubiéramos hecho si nosotros hubiéramos sido Napoleón, o Churchill o Moctezuma. De paso los chicos aprenderían a construir hipótesis que son apenas el inicio de las innovaciones.
¿Qué clase de mundo idearían si les planteamos el reto de eliminar el dinero con todo y concepto? ¿Qué tantas cosas tendrían que aprender para lograrlo? ¡Seguro que todas las que estamos enseñándoles de cualquier forma! ¡Y más, mucho más!
Enseñar lo que ya todo mundo sabe o ha sabido no tiene chiste, el futuro del mundo se debe construir desde otra óptica, porque ésta ya sabemos que no funciona; desperdiciar los primeros 23 años de su vida enseñándoles a ser como nosotros y a hacer las mismas cosas que nosotros y de la misma manera es algo que necesitamos cambiar, y esa es la verdadera meta que toda reforma educativa debe contemplar. Es ridículo educar a todos igual si ya reconocemos que nuestro verdadero potencial individual está en nuestras diferencias, y que la suma de ellas es la que nos hace fuertes.
De nada sirve salir del aula si nos llevamos las paredes en nuestra mente cuando el sistema educativo lo mejor que hace es deformarla tanto que terminamos con una caja, la misma caja, que nos limita y nos encierra.
Para aprender más visita mi blog rafaelcota.comy mi twitter @rafaelcotar

Compartitividad

Si preguntamos qué es lo que preferimos, competir o compartir, seguro que muchos dirán que compartir porque eso los hará sentir solidarios, sensibles, humanos; sin embargo, algunos dirían que en realidad no es de humanos, que no lo tenemos en la naturaleza, porque eso es lo que entendemos que es el deber ser, pero ¿y si el único modelo sustentable y sostenible es compartir y no competir? ¿No sería eso suficiente aliciente para ponerlo en nuestra naturaleza (en caso de no tenerlo)? La supervivencia propia y de la especie ha sido el detonador primario de nuestra competitividad, y ahora estamos en esa encrucijada en donde debemos decidir, ¿seguimos compitiendo y, con ello, acumulando unos mucho más que otros, y con ello, terminando exactamente donde mismo y con cada vez menos que acumular? ¿O empezamos a compartir para sobrevivir?

Yo creo que eso de competir no nos está saliendo bien, ni a los que van a la cabeza ni a los que vamos atrás, el tren del progreso camina a la velocidad del vagón más lento, y en el mundo globalizado no hay forma de desenganchar a ninguno. Y la vía no lleva a ninguna parte a donde queramos ir, las estaciones intermedias tienen letreros como “Cambio climático”, “Terrorismo”, “Big Brother”, “Refugiados y Desplazados”, “Hambruna” y “Pobreza Extrema”.

Llevamos en el tren vagones de primera, segunda, tercera y algunos sin acceso al comedor, unos más llenos que otros; y luego están los que llevan dinamita y nitroglicerina (para lo que se ofrezca), en algunos van armados hasta los dientes, y en otros enfermos de enfermedades que ni tan siquiera sabemos que existen.

Así es en realidad un listado de rankings de competitividad, ¿o no?

Entre más lo pienso, más me convenzo de que el modelo de desarrollo que necesitamos es precisamente uno de “compartitividad” en vez de competitividad; ¡ya imagino a los del IMCO batallando para medirla! Así los rankings de ciudades, países, empresas y personas no serían de competitividad, sino de “compartitividad“.

¡Y de nuevo estarían equivocados! La “compartitividad” no podría ni debería ser medida; por ejemplo, ¿sería menos “compartitivo” un país que abre sus fronteras de patentes en un único medicamento que uno que las abra en todos sus gadgets? ¿qué es lo que se debe de compartir primero? ¿quién debe empezar? ¿el que lo hace, qué gana? ¿Y si busca ganar, no lo hace eso más competitivo que “compartitivo“? Pero compartirlo todo y con todos ha sido precisamente lo que el comunismo más básico ha buscado, y fracasado.

¿Cuál es la cantidad justa de “compartitividad” que debemos conseguir? Y, me cuesta mucho, pero mucho reconocer que ya hemos rebasado el límite donde el compartir empieza con uno mismo, esa bifurcación en la vía la hemos dejado atrás, ahora lo que hay que hacer es construir sobre la marcha una nueva vía que nos lleve a todos los vagones a un nuevo destino, uno al que sí queramos ir, y en el proceso, habrá que cuidar que no se desenganchen muchos vagones.

Y sé que no les gusta que les pregunte porque mayormente lo que nos gusta a todos es leer respuestas y no preguntas, pero la pregunta no es si hay que hacerlo o cuándo, ni quiénes, ni con qué; es obvio que esas ya tienen respuestas y son sí hay que hacerlo, ahora, nosotros y con todo lo que tenemos; la pregunta es ¿cómo demonios lo hacemos?

Enjoy