De la 4T a la 4.0T

En México, el nuevo gobierno está intentando construir la nueva realidad a partir de concebirse como la Cuarta Transformación, 4T para decirlo más corto. A mí, como siempre, me gusta imaginarla con mayores posibilidades porque siempre me he tomado muy en serio eso de la transformación, no importa si es la primera, cuarta o enésima, la palabra clave es transformación. Eso quiere decir que debe, por fuerza, generarse un cambio que se note, de ser posible, un cambio generador de otros cambios, algo así como una bola de nieve pequeña que se tira pendiente abajo y que crece y crece y crece dejando un nuevo camino que todos los demás siguen.

Una de las tendencias en la industria, ya irreversible, es la cuarta revolución industrial, llamada Industria 4.0 también con el afán de manejarla como marca distintiva; pues bien, esa revolución tiene un alto contenido tecnológico que busca, sí, lo busca adrede y no como efecto colateral, bajar los costos de producción y elevar la calidad de los productos por la vía de la automatización, es decir, sustituir la mano de obra humana por máquinas, que además de hacer más y mejor trabajo, lo están empezando a hacer mucho más barato, y para colmo, de forma autónoma.

Las tecnologías exponenciales lo permiten, el conocimiento acumulado lo hace posible, el mercado lo estimula y lo demanda; no hay forma de detenerlo, al contrario, cada día se suman más y mejores alternativas para producir lo que consumimos, pero también, cada día, la revolución 4.0 va tomando terreno en otros sectores como la salud, y el campo, y el comercio, y la seguridad, y el transporte, y la logística, y la educación, y el gobierno, y … así, con puntos suspensivos porque no hay forma de mirar un rincón del mundo y de nuestra sociedad que no sea susceptible de aplicar el Internet de las Cosas como mínimo.


Y la oportunidad es mayúscula, al fin tenemos ante nuestros ojos la posibilidad de brincarnos escalones en nuestra carrera desenfrenada por salir del agujero abismal del subdesarrollo y la pobreza; podemos pasar a un Campo 4.0 sin tener que ir viviendo las otras tres revoluciones industriales una a una; podemos pasar a un sistema de Salud 4.0 sin tener que pasar por todas las fases anteriores; podemos pasar a un Gobierno 4.0 y a un Comercio 4.0 haciendo el mismo esfuerzo que llevarlos apenas a un gobierno y un comercio de ese siglo XX que ya no existe más que en los anales de la historia.


Sí, a la 4T le hace falta el punto cero, México no sólo necesita, sino que puede tener su 4.0T, si lo queremos, si lo planeamos, y si lo ejecutamos; y para ello necesitamos cambiar nuestra mentalidad que busca empleos a una mentalidad que cree empleos, de nuestra mentalidad de empleados a una mentalidad de emprendedores, innovadores y tecnólogos. De nada sirve seguir educando para ser empleados de una industria o de un comercio o del campo que ya no existe, de nada sirve seguir incentivando actividades y oficios que están ya muertos y que no habrá forma de sostenerlos por el tiempo necesario; el futuro ya llegó y necesitamos asumirlo, enfrentarlo, y, sobre todo, aprovecharlo. Del hoyo no vamos a salir con subsidios, ni con becas, ni con redistribución de riqueza; del hoyo vamos a salir con ciencia, tecnología y nuevas empresas. Sólo por poner ejemplos, ¿quieren terminar con la corrupción? Una palabra, una tecnología: Blockchains. ¿Quieren producir más y mejores alimentos? Un acrónimo, varias tecnologías: IoT.  ¿Quieren tener mejores viviendas, más baratas? Construcción aditiva. ¿Quieren tener energía más barata y no contaminante? Eliminemos al petróleo y a los fósiles, me refiero a los combustibles. ¿Queremos más turistas y que gasten más? ¿Queremos mejor transporte público? ¿Queremos mejor gobierno? Pues ciencia y tecnología, ciencia que ya hacemos, y tecnología que ya existe.


Y no, eso no nos quitará ni nos robará nuestra identidad como humanos, la tecnología no hace eso, lo que nos lo quita es la pobreza, el crimen, la flojera, el gandallismo, la envidia, la venganza, la corrupción del alma y las intenciones; somos menos humanos cuando pensamos en el yo y poco en el nosotros; no seamos retrógradas, la tecnología nos ha ayudado en la medida en que nosotros lo queremos: lentes, marcapasos, vacunas, prótesis, medicamentos, y un larguísimo etcétera que usamos todos los días, todos.  Estamos todavía a tiempo de modificar esta 4T en algo mucho mejor, más actual y, sobre todo, más orientada al futuro; estamos todavía con la posibilidad de convertirnos en ese país que soñamos, y no de soñar con salir del país.


Empiecen por imaginar la 4T como 4.0T, no cuesta nada; no hacerlo nos costará el futuro.

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Crear riqueza, no destruirla.

Según los cálculos, en el 2020 habrá  alrededor de 200 mil millones de máquinas interconectadas en el mundo, todas ellas automatizando procesos, en todas las áreas y sectores. Algunas de ellas, muchas, están ya siendo autónomas.Basta con hacer una simple investigación sobre Industria 4.0 o sobre el Internet de las Cosas para que empecemos a sentir aprehensión ante el futuro que según nosotros nos espera.


Lo que pensábamos que era una enorme brecha entre lo que suponíamos apenas posible y lo que de verdad es ya factible, no es más que una línea delgada y tenue que rápidamente se va diluyendo ante los avances científicos y tecnológicos que se suceden durante el día, como si fuera una embestida huracanada de dispositivos, aplicaciones, procesos y servicios que aparecen por todos lados sin cesar.


La organización social está siendo, en ese gerundio que hace que el presente sea todavía más presente, desestructurada y vuelta a estructurar, con nuevas reglas, en nuevas canchas y, lamentablemente, con nuevos jugadores que están tomando los roles que antes teníamos controlados vía el status quo. Las tecnologías exponenciales están acelerando el cambio, la robótica, la genómica, los drones, la inteligencia artificial, los robots, los blockchains y los sensores, entre muchas otras, están siendo protagonistas en esta cuarta revolución, no sólo en la industria, sino también en el comercio, la educación, la salud, el gobierno, la construcción, el turismo, la milicia, la logística, la ciencia; en fin, en todos los sectores y ámbitos del desempeño humano, y con ello, en un círculo interminable, se modifican también las relaciones humanas, lo social y lo humano; lo ético y lo filosófico toman de nuevo importancia y lo sustentable se hace primordial. Lo dicho, la organización social está siendo desestructurada y vuelta a estructurar.
Si hablamos sólo del empleo, aquí, en México,  seguimos en la babia pensando que nuestras fronteras son impermeables y que eso no llegará, que sólo pasa en el primer mundo y que nuestros obreros son la mejor mano de obra calificada y que somos y seremos siendo competitivos por ello. Es un error. Y uno garrafal. El futuro ya llegó, y está en nuestras vidas, lo queramos o no. Nos requetemegaultrasupercontraurge una política pública volcada a la creación de riqueza bajos estas nuevas reglas y en estas nuevas canchas. El emprendimiento no es una moda para México, es vital, nos va la vida en ello. Y hay que impulsarlo desde que parimos a los chiquillos. Con que dejemos de preguntarles que quieren estudiar o dónde van a trabajar de grandes, y empecemos a preguntarles qué empresa van a poner o qué solución van a crear, ya vamos de gane.
Lo mismo en Oaxaca y Chiapas que en Nuevo León o Chihuahua. En español o maya o tarahumara. Y da tristeza, mucha tristeza cuando les pregunto a gerentes de empresas industriales si han oído hablar de esa revolución, si saben lo que es el internet de las cosas, y menos del 1% me dice que sí, que ha oído hablar de ello, pero que no sabe bien de qué se trata; el resto con cara de ¡eeh? les están pedaleando la bicicleta y ni tan siquiera se han dado cuenta. Lo mismo pasa en el gobierno, en la academia, en los hospitales y consultorios. No tienen idea de que ya viven en el futuro, de que tienen empleos y oficios que ya desaparecieron y que tienen sus días contados.
Y no hacemos nada, parece ser que queremos enfrentar el reto patraseando como el cangrejo, y no es así como podremos cambiar. El país que estamos construyendo no va a tener cabida en el mundo. Es como querer meter el cubito en la figura de la estrella en aquel juguete para bebés donde había que meter las figuras, ¿se acuerdan?
Les pregunto qué es más conveniente, ¿empezar a crear riqueza o seguir destruyéndola? Me queda claro que es una pregunta retórica, no requiero en verdad una respuesta, todos la sabemos; sin embargo, ¿cómo hacemos para que el emprendimiento sea el centro de nuestra política pública? ¿no será que la mejor política social es la del desarrollo económico? Llevamos demasiado tiempo discutiendo y enfrentándonos intentando hacer de nuestra ideología de izquierda o derecha la dominante, pero ambas requieren de riqueza, ambas ideologías generan pobres, es tiempo que nos pongamos a discutir cómo hacemos ricos y no cómo nos quitamos lo pobre, parece lo mismo, pero no lo es, al menos no desde una perspectiva de política pública. A darle.

Solo ante el mundo.

Cuando yo escribo, sólo pienso en dos cosas, en la historia que quiero contar y la forma en la que deseo contarla; en la mayoría de los casos, lo que resulta se queda conmigo, algunos pocos terminan en mi blog y redes sociales esperando provocar la conciencia de quienes me siguen, y con un poco de suerte, de quienes los siguen a ellos.
Ocasionalmente escribo algo que creo que puede tener un fin distinto, más amplio, llegar a un grupo de lectores más diverso y más crítico, más objetivo y con muchas más opciones a su disposición. Y es entonces cuando tengo la duda de cómo hacerlo llegar.
Nunca he sido una persona que piensa convencionalmente, en ocasiones ha resultado una buena forma de pensar, mientras que en otras ha demostrado ser casi una catástrofe; así es que cuando me enfrento a esta intersección en mi vida, es natural que dude durante un tiempo si hacer caso a mi natural inclinación a lo diferente, o a la seguridad de lo establecido.
En el caso de mis libros, he optado por lo nuevo, por lo distinto; el primero se distribuyó en tablets exclusivamente en formato digital, OLPC me ofreció la oportunidad de llegar a sus clientes infantiles en sus famosas XO Tablet. El Ogro de los cuentos es una colección de relatos para niños, me siento orgulloso de haber podido viajar en la imaginación de esos chicos. Una segunda edición, en formato digital y de audiocuentos está disponible en Facebook en la página que lleva su nombre; ambas ediciones son gratuitas. Es mi forma de provocar a los niños a imaginar.
El segundo libro, Día de Muertos desde el más allá, tuvo una primera edición exclusivamente en eBook a través de la plataforma chopeo.mx, una empresa de comercio electrónico local; quise explorar la posibilidad de hacerlo llegar al público a través de un medio poco convencional, y la cosa no salió como esperaba, mis lectores no son propensos a comprar sus libros ni en ese formato ni en esos espacios, así es que hice una segunda edición, ahora en Amazon y añadí el formato impreso. Ha sido una buena decisión y mis personajes del otro mundo han podido provocar a mis lectores del más acá; me siento honrado de haber podido viajar con ellos en sus deseos de imaginar.
El tercer libro, Relatos del futuro que ya llegó, siguió la misma ruta, Amazon y Chopeo como plataforma de venta en línea, en formatos digital e impreso; pero adicionalmente me han dado la oportunidad de estar presente en el catálogo de Milibromx, una maravillosa iniciativa hermosillense que pone la cultura a domicilio. El impacto que ha tenido este último esfuerzo de provocación a su imaginación ha sido mucho mayor, he tenido la oportunidad de viajar con muchos más lectores a través de sus líneas, sus personajes y los problemas a los que se enfrentan en su día a día.
Lo único que ha sido constante en la publicación de mis libros, es que no he recurrido a una editorial o a apoyos gubernamentales para publicarlos, todos ellos han sido producto de un esfuerzo independiente y emprendedor: auto publicados; es decir, solo yo ante el mundo. Se oye arrogante decirlo de esa forma, pero mi intención es totalmente opuesta; al decir solo yo ante el mundo, quiero transmitirles lo infinitamente pequeño a insignificante que se siente uno al tomar esta decisión. No hay ningún aparato de marketing detrás, no hay ningún aval calificado de que uno es realmente bueno, no hay reseñas de críticos profesionales, no hay presentaciones ni firmas de libros alrededor del mundo, ni invitaciones a ferias internacionales de libro, ni a dar conferencias a diestra y siniestra. No. Un autor que auto publica es sólo él y nadie más que él ante el mundo.
Así de poderosa es esa sensación de pequeñez y desnudez del alma cuando uno da clic en ese pequeño botón que dice Publicar. No hay marcha atrás, ahora tu libro está en ese torbellino inmenso de libros y libros y libros y libros, y sólo cabe hacer todo lo necesario para que cuando una mano se adentre en él buscando algo, sea tu libro el que escoja. Un autor independiente únicamente tiene dos cosas a su favor, claro, además de su talento, la primera es suerte, suerte de que alguien lo encuentre, lo disfrute y lo haga viral con sus recomendaciones; y la segunda son ustedes, los primeros lectores, esos que se acercan a nosotros con el afán de conocernos, de mirar lo que nosotros miramos y de atreverse a correr el riesgo de leernos.
Así pues, aquí estoy yo, solo ante el mundo, pidiéndote que te acerques a ese torbellino y que estires tu mano y escojas mi libro; me encantará viajar contigo cuando imagines el mundo del más allá, o cuando decidas conocer el futuro que ya llegó; ahí estaré contigo cuando le presentes al Ogro de los cuentos a tus hijos, ahí estaré yo durante todo el trayecto, y entonces ya no seré yo solo, sino que seremos ambos ante el mundo.

Pueden adquirirlos de varias maneras:

Amazon.com y Amazon.es en formato eBook y tradicional de papel

Amazon.com.mx en formato eBook

rafaelcota.chopeo.mx en formato eBook; este último acepta pagos en Oxxo para los que no están acostumbrados a comprar en línea

Milibromx en formato papel hasta tu domicilio, búscalos en instagram, facebook y twitter.